miércoles, 6 de agosto de 2008

Nene de Antes



¿Ha entrado todo el mundo? La ceremonia está a punto de empezar. Dejad que os hable de la angustia y de la pérdida de Dios, errando, errando en la noche sin esperanza. Aquí fuera, en el perímetro, no hay estrellas. Aquí fuera estamos flotando, inmaculados. Ahora he regresado a la tierra de los justos, los fuertes y los sabios. Hermanos y hermanas sobre el pálido bosque. ¡Oh hijos de la noche! ¿quién de vosotros correrá con la caza? Ahora llega la noche con su legión púrpura. Retiraos a vuestras tiendas y sueños. Mañana entraremos en la ciudad donde nací. Quiero estar listo... Perseguimos la muerte al final de la vela, Buscamos una cosa que ya nos ha encontrado, últimas palabras: "fuera"

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Novísimo suspiro


Palpitando la inmensa madrugada
Con un combinación que adversa lo sutil,
Ahí va nuevamente la muerte, bajo tus narices,
Aguardando por la lasitud de tu novísimo suspiro.

Los ángulos son difusos y la oscuridad descomunal.
Como se aloja el miedo en el subconsciente
Lánguida, insaciable, perturbada,
Transcribiendo que el gozo no es el daño

La luna, adversa resplandeciente sobre la niebla
Las desterradas almas aclaman resurrección,
Penetra su sangre y humedécete de ella
Que aun la reina no ha sido complacida.

Se hospedan las estaciones sobre su talante
Y su escrupulosa honradez goza allí.
Todas los avenidas conducen a su ser
Y las súplicas condecoran la partida.

Pacífico sobre mi reposera anidare butaca
Con los ojos entre abiertos tomare su mano
Adiós al impracticable delirio de la inmortalidad,
Aguardame, muy pronto estaré allí.

Sed eterna


Ha desembarcado la noche en la metrópoli
Y mi avidez cruenta al asecho esta.
He socorrido las espeluznantes sombras
Y estas me reclaman que es hora de partir.

Mi despertar de la muerte hacia la vida,
La nueva vida, por morder y beber.
Viajar a la sed que condena tu alma
Y de lo morboso a la eterna y rigurosa soledad.

Un suspiro, un aliento y mi ser,
Son el ingrediente principal de esta minuta
Y mis ojos son los artificios de esta ataviada
Cuyo fin se limita al roer tu yugular.

Sonrió y la ambición no va de lado.
Dulce, apasionada y tan fogosa
¿Cómo será el próximo beso?,
Si tan carente de el estoy.

Los fantasmas, del fondo de mí alrededor,
Me aclaman y eso me disgusta,
Pero ella tan intrigada por mis colmillos
Se corrompe en esas extrañas voces.

“Ahora te toca a ti, sedúceme”
Le murmure excitantemente al oído.
Y fue entonces, que al viajar por su piel,
Mis caninos se ensamblaron dócilmente.

En unos teñidos segundos de dudas,
Se me abalanzo avivadamente
Descartando su etérea túnica descabellada,
Ni el diablo se le hubiese arriesgado

Mi alma se apabulla al presentir la alborada
Y es entonces cuando debo regresar.
Me encuentro residiendo en mis oriundas pesadillas
Soñando ansiosamente que tu verdugo sea mí sed.

Gibson - PDC

Baila en un ritual subconsciente
Con la aprehensión de las ardientes sucesiones
Su inconciencia condena sentimientos
Entre las entumecidas llagas has de suspirar.

Tu voz es el motel de este suburbio
Te doy mi alma, dame tu cielo.
Aguardame entre mis aspiraciones más profundas,
Esta noche lo haremos una vez más.

Vaticinemos nuestras más renombradas orgías
Dentro de la más celebre ceremonias.
Sumérgeme entre tus sietes placeres
Que entre tus seis lienzos me quiero elevar.

La noche en su transcurso agoniza,
Yo, en su moraleja, vivo y estremezco.
Condesciéndeme esas largas escaleras
Que anhelo alcanzar tus pies y marcar mi devoción.

Ambos en conjunto somos sublevadotes por ley.
Entre tu dichosa y progresiva esencia
Habita mi éxtasis junto a tu supremacía,
Y entre tu cuerpo mi libertad
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Serafín y sus alas

OH damisela del albor del alba
Emancipada de errabundos rondares,
Que sedientas habitan las olas
Si tu espíritu en busca de amor esta.

“Hoy he percibido a un serafín errabundo”.
Cómo describir tal eminencia,
Si nunca se acostumbro a su ser,
Mucho menos a su belleza.

Perpleja tras contemplarse al espejo
Sus ojos reflejan una desconocida dimensión,
Una sensatita e ilustre perversión
De angustia y de perspectiva a la fe.

Su timidez es cual precipitado sentido
Que adversa vigorizando su atención.
Aúllan las palabras, rugen y no hay voces,
Desahogos de silencios en los cortejos de Dios.

Sus alas despilfarran extraños ojos y pupilas
Y los mirares que rebosan las tinieblas
Son tan explicitas como la luz de la luna,
Aun más que las refulgentes estrellas.

Solitario, dudo afrontar a la oscuridad,
Qué puedo hacer con este efecto dentro,
Al ser alado encarecidamente le rogué:
“Tu eres mi ángel, ven y sálvame esta noche”.

Se suspira entre mitologías de alabanzas
Con la utópica ambición de compartir su libertad.
Esperando ser engalanada x su príncipe,
Su sublime recelo seria no topárselo.

Se resguarda, una vez más, entre sus alas,
Cobijándose con su esplendoroso plumaje,
Y así logra soñar con sigo misma
Considerando que tal vez mañana no sea mañana.

la huida de serafin y sus alas

Emergemos inmaculados sobre este reino,
Vulnerables a los vestigios de un profundo ser.
Una lagrima, el rotundo sentimiento de mis penas,
Y tus ojos el paisaje más precioso y atónito de la vida.

Tu libertad, ambiciosa y solemne sabiduría.
Concíbeme en los brazos de tu santuario,
Retenme entre los anexos de tu sospecha,
Ambiciono divagar sobre mi refugio.

Posees el mal en tus manos,
Nuestra existencia de ti dependen,
La misericordiosa voz socorre los rezos:
Presérvame con tu brisa una vez más.

Please, escuchadme amante de bis amores
(Tanto del día como de la noche),
Considera tu mitológico ser
Que tú celestial figura en velo esta.

Fue grandioso haberte encontrado,
Dios sabe que es así.
Evita los desconsuelos y levita sobre la cúpula,
Protegelos de los desvelos perdidos.

¿Nos volveremos a topar?
Tal vez en tres o dos vidas,
Puesto que las horas son largas
Y este juego es efímero.

Mi último designio:
“No dejes que nadie te corte las alas”

La niña perdida en una ciudad descubierta



OH dulce niña
Corrompida en una ciudad descubierta,
Venerando por demás a tu prójimo,
Tan desdichada y solitaria.

Cansada del sistema y sus reglas,
Bailas en obscenos y desesperados deseos.
Dulces colmillos a la huida de la luz renaciente.
Palpitas la luna y toda su evocación.

Ojos extraños con raras miradas
Y orgías que agradecen a tu dolor.
En la lluvia gimoteas suplicando
Al individuo que alguna vez te vio llegar.

Conspirando delicados pasos,
Con gentileza reís y callas.
Los océanos brotan flores
Y la muerte goza distante y calmada.

Tan libre y maniática,
En carnavales no te permiten pensar.
Estas perdida dulce niña,
En extrañas y pervertidas miradas.

“Sálvame Jesús, sálvame”
Suplicas al despertar,
Apagas la luz y lloras
Porque, simplemente, estas perdida dulce niña,
Perdida en una ciudad desnuda.