
Ha desembarcado la noche en la metrópoli
Y mi avidez cruenta al asecho esta.
He socorrido las espeluznantes sombras
Y estas me reclaman que es hora de partir.
Mi despertar de la muerte hacia la vida,
La nueva vida, por morder y beber.
Viajar a la sed que condena tu alma
Y de lo morboso a la eterna y rigurosa soledad.
Un suspiro, un aliento y mi ser,
Son el ingrediente principal de esta minuta
Y mis ojos son los artificios de esta ataviada
Cuyo fin se limita al roer tu yugular.
Sonrió y la ambición no va de lado.
Dulce, apasionada y tan fogosa
¿Cómo será el próximo beso?,
Si tan carente de el estoy.
Los fantasmas, del fondo de mí alrededor,
Me aclaman y eso me disgusta,
Pero ella tan intrigada por mis colmillos
Se corrompe en esas extrañas voces.
“Ahora te toca a ti, sedúceme”
Le murmure excitantemente al oído.
Y fue entonces, que al viajar por su piel,
Mis caninos se ensamblaron dócilmente.
En unos teñidos segundos de dudas,
Se me abalanzo avivadamente
Descartando su etérea túnica descabellada,
Ni el diablo se le hubiese arriesgado
Mi alma se apabulla al presentir la alborada
Y es entonces cuando debo regresar.
Me encuentro residiendo en mis oriundas pesadillas
Soñando ansiosamente que tu verdugo sea mí sed.
Y mi avidez cruenta al asecho esta.
He socorrido las espeluznantes sombras
Y estas me reclaman que es hora de partir.
Mi despertar de la muerte hacia la vida,
La nueva vida, por morder y beber.
Viajar a la sed que condena tu alma
Y de lo morboso a la eterna y rigurosa soledad.
Un suspiro, un aliento y mi ser,
Son el ingrediente principal de esta minuta
Y mis ojos son los artificios de esta ataviada
Cuyo fin se limita al roer tu yugular.
Sonrió y la ambición no va de lado.
Dulce, apasionada y tan fogosa
¿Cómo será el próximo beso?,
Si tan carente de el estoy.
Los fantasmas, del fondo de mí alrededor,
Me aclaman y eso me disgusta,
Pero ella tan intrigada por mis colmillos
Se corrompe en esas extrañas voces.
“Ahora te toca a ti, sedúceme”
Le murmure excitantemente al oído.
Y fue entonces, que al viajar por su piel,
Mis caninos se ensamblaron dócilmente.
En unos teñidos segundos de dudas,
Se me abalanzo avivadamente
Descartando su etérea túnica descabellada,
Ni el diablo se le hubiese arriesgado
Mi alma se apabulla al presentir la alborada
Y es entonces cuando debo regresar.
Me encuentro residiendo en mis oriundas pesadillas
Soñando ansiosamente que tu verdugo sea mí sed.
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