Mi emancipada señorita, tan oscura y fría,
Estas tan cómoda y agasajada
Que ni por oro, ni espadas
Quieres mis manos desprender.
Gran Leidy, despiadada reina,
En esta noche me teme decir
Que estas verdaderamente bella
Y, actualmente, presente en mi inconciencia.
Tú figura negra y oscura,
Con ojos ciegos y atrapantes,
Vestida con una túnica sensualmente apagada,
En esta madrugada apaciguas grandes sentimientos.
Doña mía, te suplico a gritos,
Dame la libertad que necesito.
Me ahogo en tu éxtasis imperial
Buscando la manumisión que te exijo.
Y al dormirme en tus vil brazos,
Volveré a tener otro beso.
Y mis lágrimas, sollozas de aspiraciones,
Una vez más caerán en tu ruin sujeto.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario